Cuando descubrí por primera vez la Biblia, me intrigaron los profetas. Me solidarizé mucho con ellos, yo no hubiera sido capaz de hacer lo que ellos hacían, a menos que fuera por computadora con el auxilio de photoshop. Hacían y decían cosas extrañas, cosas que al pueblo de Israel, no les gustaba escuchar. Isaías andubo varios meses desnudo enseñando las nalgas, alegóricamente representaba lo que estaba por venirle a manos de los asirios.Pensemos en Oseas, en estricto mandato divino (imposible desobedecer ya sabemos como era la vaina ahí) tuvo que llevarse a su casa a mujeres que él no quería, vaya, que no le gustaban pues, mujeres dadas al vino, a la prostitución -muy mal visto en aquel pueblo con crepúsculos arrebolados- y él fiel tenía la misión de vivir con ellas para demostrar la rebeldía e infidelidad del pueblo hacia su Dios.Así las cosas, es imposible no sentir empatía por estos hombres corajudos e iluminados.
Ellos han tenido que estar lo más alerta posible a cualquier mensaje, obedientes en las más absurdas teorías, y digo absurdas por ser ilógicas para nosotros los simples mortales, bué... es aquí donde me quiero detener; ya no soy una simple mortal, estoy en proceso de mutación es más, la metamorfósis sucedió, me lo dijo un profeta, ése que ví en la esquina de la carnicería. Estaba vestido de blanco parecía un hombre común y corriente, hablaba español, sus ojos entreabiertos despedían brillos, sus palabras fueron concisas, dirigidas a mí. . . debo decir que tengo un poco de miedo, es posible que la falsa sociedad no me merezca y tenga que partir.Aún no lo sé.Eso me aterrá a decir verdad.
Los profetas han visto ejercitos de huesos volverse humanos, bolas de fuego caer del cielo y prender altares, ruedas en movimientos perpetuos, han sido alimentados por cuervos, ellos hablan de lo divino, de lo inmaculado con tanta naturalidad porque desde siglos han estado acostumbrados a esas visiones.Por eso -repito- yo creo en ellos. Y ese profeta que me encontré en la esquina por la carnicería vestido de blanco, me profetizó en las narices, sin prefacio, fue al grano.
Cuando escuché al enviado, me acerqué y le pregunté:
-¿usted lo cree en verdad?
-no lo creo, es así (con ojos desorbitados)
-¿Está seguro, no se habrá equivocado de mujer, cree en verdad que yo soy un . . . ?
-No me equivoqué.Es la verdad. ¿Quieres que te lo repita?
-Por favor, dígamelo otra vez.
¡Alguien se tiene que haber muerto en el cielo,
para que los ángeles vayan de negro mamachíta!
Qué les dije? solo un profeta es capaz de hablar con lenguaje tan angelical o no?