Cerrando la solapa de La suma de los días de Isabel Allende, llegué a la conclución que fue un viaje mutuo (lectora/escritora). La narración tiene varios tintes, por ejemplo, es impecable, divertida, nostálgica y de vez en cuando triste pero de esas tristezas que siempre tienen un aprendizaje. Dedicar el tiempo a una empresa de este "size" donde esten metidos los familiares con nombre y apellido es cardiaco, más, si uno resalta más defectos que virtudes de los personajes.
A pesar de creer que La casa de los espíritus es un fusil claro de Cien años de Soledad, no solo por lo fantástico sino las características de todas las figuras, Isabel Allende no me decepcionó y es bastante creativa y hasta ahora le han funcionado los cambios que ha hecho. La Ciudad de las Bestias por mencionar algo reciente, fue el primero que se salió del esquema por ser un libro juvenil, recuerdo que en algún lugar alguien lo bautizo como el Harry Potter latino, porque el adolescente anda en búsqueda de una medicina para curar a su mamá que solamente se encuentra en El Dorado, una ciudad imaginaria cuidada por Bestias en el Amazonas, acompañado de una abuela exploradora bastante sabia, pero de esa extraña y fastidiosa sabiduria. Una de las escenas más sorprendentes es cuando el jovencito nada acompañado de delfines rosados en un río.
Afrodita, en cambio es (perdón el alucín) su Obra Maestra, no solo por las recetas, sino la estética del libro que hasta ahora leyendo La Suma de los días, me entero que fue diseñado por una muchacha que llegó a su familia en un momento clave. Platiquemos un poquito más de Afrodita, IA dice: la única forma que una receta funcione para tal y cual cosa, es decirle previamente al invitado cual efecto tendrá despues de. . . Aunque creo que pocas personas hayan hecho las recetas y más cuando se enteran que lo que la inspiró fue haber soñado que se comía a Antonio Banderas en una tortilla con guacamol. ¿Mencioné acaso el alucín?
No leí a Paula, desde que supe de lo que se trataba. No quise ser movida por el morbo. Ni quise leer el infierno de una madre con una hija en coma y luego la muerte. De hecho llegué a criticarla, (chapin-style) ¡Cómo es posible! ¡Vender el sufrimiento! ¡Pos esta! ¡No muchá yo no lo leo! y creo que seguiré pensando en que no lo voy a leer, aunque cambió un poco mi forma de pensar sobre la publicación, como dije en temas anteriores uno nunca sabe a quién ayuda con ciertos testimonios. Creo que en La Suma de los días, se puede entender la razón. Hay cosas que sólo con las letras se alivian aunque no se curen.
Desde el punto de vista de exiliada, Mi País Inventado, fue como cucharaditas de sopa calientita en tiempos de gripe, me explico: ¿Cómo compara uno un país del primer mundo con otro que apenas raya en quinto-tercero?.Visiblemente es imposible, pero surge una conexión, un hilo invisible que se teje con el viaje sin importar cual haya sido. Quizá alguien que cruzó el desierto se recuerda de tal y cual árbol, tal piedra, que se yo, un recuerdo fotográfico. Otro, que venía en el asiento de un avión vió la última figura del pedacito de tierra que deja. Al final el país que dejamos puede ser solo un invento que el tiempo cambió y nosotros no nos hemos enterado.
La Suma de los días, es una enseñanza de sangre que tanto nosotros estamos conectados con nuestra familia, antepasados y los que aún no vienen. Nuestra propia suma de días sería como una gran carpa de circo (fíjese usted) donde todos hacemos equilibrios, payasadas y actos de magia.
Subrayo una frase dicha por la autora: El tío Ramón me dió los más útiles instrumentos para la vida, como descubrí en terapia a una edad madura: memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente y optimismo desafiante para encarar el futuro*. Apuesto a que todos tenemos entre nuestras cositas viejas a un 'tío Ramón' escondido y recordado. Ustedes dirán.
Abrazos compañeros!
*Pág. 87.