Doctor en Letras, Poeta y Narrador, nació en Guatemala (1945) actualmente reside en New York.
Juan entró por la puerta.
Un indio, llamado Juan, entró por la puerta que da a la calle.
Juan, el hijo de María, entró esta madrugada por la puerta entreabierta.
El hijo de José y de la María entró esta mañana quedamente, sin que nadie lo notara.
Juan, un indio, hijo de un tal José y de una María, entró por esta puerta a las seis de la mañana.
El indio entró por la puerta. Eran las seis de la mañana.
A las seis de la mañana, el indio Juan entró por la puerta entreabierta.
Hoy, a las seis de la mañana, por la puerta entreabierta, entró el hijo del José y de la María.
Alguien entró por la puerta entreabierta a las seis de la mañana. Se sospecha que fue Juan, hijo de José y de María.
Su hijo del José y la María entró a las seis de la mañana por una puerta que estaba entreabierta.
El Jose, su hombre de la María, la nana del Juan, ése que se entró por la puerta de la casa de los señores a las seis de la mañana de hoy temprano.
Sin que nadie lo viera, hoy muy temprano, por la puerta entreabierta de la casa más grande del pueblo, entró un hombre muy quedamente. Parece que era Juan.
Hoy muy temprano, por la puerta entreabierta de la casa, con un machete en la mano, entró Juan, un indio nacido en uno de los caseríos cerca del pueblo.
Eran apenas las seis de la mañana cuando Juan entró por una puerta entreabierta.Traía ya el machete en la mano y caminaba sigilosamente.
Disimuladamente y por la puerta del frente, a las seis de esta mañana, entró quedamente un indio que se llama Juan. Es el hijo de un tal José y de su mujer, la María.Traía un machete en la mano -así lo aseguran los testigos-.
A las seis de la mañana del día de hoy, Juan, un indio de la localidad, hijo de José y de María, también indios, penetró sigilosamente con un machete en la mano por la puerta principal de la residencia de la familia García.
La puerta está entreabierta y, muy temprano en la mañana, entra sigilosamente. Lleva un machete en la mano y sabe que lo buscan.Se llama Juan.Es el hijo de Jose y de María, dos indios que viven en el pueblo pero no saben hablar castilla.
Entra quedamente, por la puerta entreabierta de la casa de la familia Garcia.Son las seis de la mañana y los esposos aún duermen. Trae un machete en la mano y sabe perfectamente lo que quiere.
Es el hijo del José y trae un machete en la mano.Cuidadosamente ha entrado por la puerta entreabierta.Los señores duermen todavía.Son las seis de la mañana y sólo las sirvientas se han levantado. El sabe muy bien lo que quiere.
Aparentemente sabía lo que iba a hacer.Entró por la puerta principal muy sigilosamente a las seis de la mañana. Sólo las sirvientas estaban levantadas, pero ellas lo conocían. Era Juan, el hijo de la María, la india que vende tortillas en la puerta del mercado.
María hacía tortilas y José trabajaba en la tierra. Juan era su hijo y, desde hacía mucho tiempo, trabajaba en la casa de la familia García. Aquella mañana, a las seis de la mañana para ser exactos, penetró disimuladamente por la puerta principal de la casa de habitación de sus patrones con un machete en la mano. Los señores aún dormian, aunque las criadas estuviesen ya levantadas.Es obvio que el susodicho sabía muy bien lo que iba a hacer.
LLeva el machete en la mano.La puerta, entreabierta, cede a la presión de sus dedos. Son las seis de la mañana y las sirvientas ya están levantadas, aunque los patrones sigan durmiendo. Sigilosamente penetra en el zaguán y camina por el corredor hacia las habitaciones interiores.Sabe perfectamente que lo quiere.
Son las seis de la mañana y en el pueblo se oye el trinar de los pájaros, que escondidos entre las ramas de los árboles, cantan alegremente. Un calorcito de verano se empieza a sentir en estos días, pues estamos a finales de Marzo.La semana Santa, con su luz sofocante, estará aquí en unos días. Por una de las calles principales camina un hombre.Lleva el pantalón y la camisa típicos de los naturales de la región, con un sombrero de paja que le oscurece la cara.Camina rapidamente y se creería que no quisiera ser visto.Al llegar a la puerta de la casa de la familia de los García, una de las familias importantes de este pueblo, se vuelve rapidamente como para asegurarse de que nadie lo observa. Luego empuja la puerta principal, que está entreabierta y entra.
La puerta se abre y Juan, el indio, hijo de José y de María, entra el corredor.Son las seis de la mañana.
Con pleno conocimiento de lo que hace empuja la puerta.En la mano lleva un machete y se desliza sigilosamente por el corredor de la casa hacia las habitaciones interiores. Es Juan, el hijo de José y de la María, dos indios que viven aquí, en el pueblo.
El susodicho Juan, hijo de la María y de José, dos indios oriundos de este lugar, entró a las seis de la mañana a la casa de habitación de los esposos García.Llevaba un machete en las mano y, sin que nadie se diera cuenta, llegó hasta el dormitorio de los dueños de la casa.
Con el machete en la mano, el indio atraviesa el corredor.Va vestido con la ropa de los nativos de esta región.El corredor es largo y angosto, y él lo atraviesa rapidamente.
Lo que dicen es que entró muy temprano por la puerta de la calle y que traía su machete en la mano.Parece que venía dispuesto a todo.
El machete se siente pesado en su mano.Las sirvientas en la cocina, ocupadas en encender el fuego, y en cocinar el desayuno, no lo sienten entrar. Juan camina silenciosamente por el corredor hacia las habitaciones interiores.
Se trata de Juan, el hijo de la María. Lleva un machete en la mano y camina por el corredor de la familia de los García, uno de los ricos del pueblo.
Nosotros estábamos en la cocina y no sentimos nada. Las campanas acababan de sonar porque yo estaba empezando a tortiar, pero nosotras no oímos nada.
Probablemente las campanas estarían dando las seis cuando el indio entró por la puerta de las calle, aunque no se sabe cómo es que las logró abrir.
Los señores García, fueron sorprendidos hoy por la madrugada mientras dormían en su casa de habitación.
Juan entra por la puerta entreabierta. Lleva su machete en la mano. Las campanas de la iglesia acaban de dar seis campanadas y él camina rápidamente por el corredor de la casa hasta llegar al dormitorio.
Pobre Juan, seguro que no sabía lo que estaba haciendo porque estaba bien bolo.Además, él siempre fue un poco raro.
Se trata de un caso común.Cuando llegó a la casa de sus patrones, Juan había perdido ya todo el sentido de la realidad.Se creía en cada de sus padres, a los que obviamente odiaba profundamente. Nunca pudo aceptar el que fueran indios que nisiquiera podían hablar el castellano correctamente. Un caso típico de inadaptabilidad social y de auto-rechazo.
Con el machete en la mano, Juan el indio penetró en la habitación de los señores García, pasadas las seis de la mañana y, sabiendo muy bien que lo hacía se dirigió hacia el lecho en el que sus patrones dormían.
En la cama calientita duermen los muy cabrones -es lo que probablemente se ha dicho al verlos-.
Penetrando por la puerta principal -no se sabe aún por qué estaba abierta a las seis de la mañana-, Juan entró ayer a la casa de los esposos García y dirigiéndose seguidamente hacia las habitaciones en las que la pareja descansaba, se ensañó contra sus víctimas, que si se despertaron, nunca se llegaron a dar cuenta de lo que ocurría.
Las sirvientas, en la cocina, no pueden escuchar lo que pasa en la habitación de los patrones.Están demasiado ocupadas preparando el desayuno, y si algún ruido les ha llegado a parecer anormal, probablemente lo han atribuido a los perros, que corretean libremente por el patio.
Sudoroso, Juan se sienta a los pies de la cama.La sangre le ha salpicado la camisa y los pantalones.El machete, que ha dejado caer sobre la cama, está ahora todo cubierto de sangre.
Juan tiene la cabeza pesada.Con la frente apoyada sobre la pierans encogidas quisiera poder dormirse.Los oídos le comienzan a zumbar.La boca le sabe amarga y empieza a vomitar.
Juan, hijo de María, hijo de José, ¿qué te ha sucedido? ¿por qué los cuerpos? ¿por qué la sangre? ¿quién te ha traído hasta aquí, hasta este lugar, hasta estos cuerpos ensangrentados? ¿quién te ha dejado, sudoroso y atemorizado, sobre este suelo frío? ¿quién, Juan, dime, quién?
Todos nos dicen que fue el Juan, pero nosotros no sabemos nada. Hace días que no venía por acá, desde el domingo. Y todos esos días nosotros trabajando, ¿qué más íbamos a estar haciendo?
Con el machete en la mano Juan entra a la habitación aún a oscuras.Sobre la cama entrevé dos bultos que apenas si se mueven y se detiene un momento.El olor lo empieza a sofocar y esto aumenta su rabia, la necesidad de hacerlos pagar todo lo han hecho.
La policía llegó a los diez minutos de haber sido notificada.Encontraron al asesino aún en la habitación de sus víctimas. Al verse cercado por la gentes, trató de atacarlos con el machete, que aún tenía en la mano.En defensa propia varios de los agente stuvieron que dispararle, hiriéndolo gravemente en el cuello y en el pecho.Cuando llegaron los bomberos, el asesino estaba ya muerto.
Juan, el indio, hijo de José y la María, empuja la puerta entreabierta, y entra.



