
Entre la colorida Guatemala hay tantas historias tejidas a medias. Unas tienen finales felices, otras (las que abundan) con finales tristes, quizá por eso existen esas almas altruistas que se compromenten con sectores de la sociedad guatemalteca desprotegida -que digamos es la mayoría- e intentan hacer un camino mejor.
Supongo que eso trato de decir Ann Cameron en Colibrí, la voz inocente de Tzunún Chumil, el personaje principal que nos muestra aldeas y pueblos de Guatemala, al lado de su Tío (como ella le llama) recorriendo calles, subiendose a camionetas, sentados en las puertas de las iglesias. Y ella aprendiendo de la vida, nos mete a sus sueños infantiles mientras recuerda a sus padres . . . en medio de un abismo mental.
Entre ceremonias Mayas, sesiones de "adivinación" por medio de semillas por las que pregunta sobre su futuro.Ése que no se vé porque un niño que ha sido secuestrado para trabajar de mendigo no sabe si puede pensar en tener otra vida o una con menos carencias. Sus aventuras sin efectos especiales ni poderes al estilo Harry Potter, sino una niña con la magia de su honradez que recuerda haber heredado de sus padres (aquellos que como dije aparecen en sus recuerdosl) es el único poder que usa para seguir al lado del que ella cree debe de servirle y aspirar a la libertad.
El libro remarca la inocencia, la valentía y más que todo la fe de creer que puede haber un final feliz y hasta aquí lo dejo porque si ven el libro cómprenlo.
Saben? a veces yo pasaba por el Parque Central y veía a mucha gente con pancartas haciendo huelgas, me parecía extraño, muchas veces llegue a pensar ¿Para qué lo hacen? Caminatas que venían desde el interior y mucha gente exigiendo paz, tierras, madres en huelga por sus hijos... tantas cosas que pasan en un país como el nuestro con tanta injusticia. Y esa gente es la que cambia Guatemala, es la que hace diferente a nuestro pueblo (porque esos somos un pueblo que se cree metrópolis).Esa gente que ama tanto la tierra que desea vivir en paz. PAZ la palabra maldita como dice Gabriela Mistral, exigir justicia parece tener mal aliento y todo mundo se aleja. Si se aprendiera del valor de esas personas que saben de donde vienen y a donde van Guatemala hubiera dado cambios importantes.
Dice Colibrí que la parte de sangre Maya que tenemos en nuestras venas pelea con la ladina, porque no se quieren. Recordando cuando leí el informe REMHI, el choque de emociones tan canijo que tuve me hizo despertar (aunque sea en el exilio) a un mundo que se tapó con velos por tanto tiempo. ¿Cómo se puede vivir ignorando esa parte tan importante como guatemaltecos? ¿Por que somos Mayas nada más cuando nos conviene? Cuando se nos revele nuestra identidad -no vocabulario- sino identidad pura, empezaremos a respetar a esos maestros inamovibles sin avergonzarnos sin darles la espalda, uniéndonos en sus marchas contra lo que debe de ser justo.
Yo espero que hayan muchos niños "Colibrí" en Guatemala y en todos los países donde la protección o las leyes a favor de los niños es tan inválida. Ojalá todas esas historias encuentren un final feliz.