
Bajo el santo manto de la emoción escribo esta reseña. Pienso en estas obras maestras que permanecen con el tiempo, con las generaciones, con los eventos mundiales y nada las calla ni opaca. Un buen Dios existe que coloca una marca en la frente de estos benditos escritores. ¿O será el talento su propio anatema? Baudelaire en el prólogo de Narraciones Extraordinarias, hace pasar a Poe frente al concilio de los altos críticos y decía: ¡Eh ahí, un hombre marcado con la mala suerte en su frente, un desgraciado que parece que el ángel de la expiación ha azotado cruelmente un genio que vivió junto a almas inferiores y en una pequeña ranura de su perfección entró el diablo para su condena!
Radicales, aplastantes e irrefutables palabras decía el poeta de Las Flores del Mal, al referirse a la vida desgraciada que vivió Edgar Allan Poe. En fin. . . amados hermanos, no es el turno de Poe ahora, es el del mundo de Los Miserables engendrados no solo por la pluma sino por el alma del inmortal Victor Hugo.
La sociedad parece tener malos partos a veces, es decir, algunos seres son realmente malparidos, malcriados, su vida es la miseria. Las etiquetas que traen a este mundo son bajas y de mala calidad.
La pobreza es el peor de los demonios asentados en la tierra, ni en el infierno tiene un lugar -segun las bíblicas lenguas- solo un vivo e indefenso mortal y malparido de la sociedad (recordémoslo) puede pasar por esta etapa. La pobreza es capaz de convertir en ladrón al más pulcro de intenciones. Hago una pausa porque -- la ambición también convierte hombres en ladrones, asesinos y malditos hijos de puta-- Y así, es como Jean Valjean, el personaje principal se presenta en las primeras hojas.
El día menos pensando decía Fernado Picó¹, cualquiera puede estar en la cárcel, y los presidiarios quieren que sus historias se conozcan afuera, inocentes y culpables por igual. Para que los que han tenido la fortuna de no tener 'antecedentes penales' sepan que de ese submundo también salen personas que quieren la reintegración.
Eso pasó con Jean Valjean, él quería que la sociedad francesa lo recibiera normal, un pobre que deseaba trabajar, pagar su comida, vivir libre despues de 19 años de prisión. Pero aparte del pasaporte amarillo que lo condenaba como ex-presidiario, sus traumas eran más pesados y obvios a los ojos del lector compasivo. Vemos como tiene una lucha interna, aunque él no explica con detalles lo que sufrió bajo cadena pues en esos diecinueve años él se formó como hombre, toda una vida de aprendizaje en uno de los lugares más duros quizá de resistir.
Pero. . . ¿A qué sale Jean Valjean al mundo que le tiene el ojo puesto en cada movimiento? Él tiene una misión: reivindicar a los miserables, ser luz, guía y protector en otro submundo de inválidos y maljuzgados. Entonces sale lo mejor de él una genialidad que tienen solo los iniciados, una inteligencia que va de la mano con la bondad y la misericordia. Se comporta como los seres que ven más allá, que fueron dotados de un sentido extraordinario que también los condena porque viven para los demás. Ángeles protectores que son capaces de bajar al infierno o ver cosas celestiales y regresar a su lugar para continuar su visión.
Lo más interesante es la forma en que nos maneja el personaje, nos hace creer que hace las cosas por odio y lo peor de todo es que lo apoyamos, cuando sorpresivamente dá el giro y hace lo inesperado. El lector se mete a las cloacas de Paris, a embarrarse con la mierda, en solidaridad con Jean Valjean. A veces se nos pierde entre las páginas, nos manipula creyendo que se ha cedido el lugar a otros personajes cuando al final todos tienen que ver con él o lo encontrarán en el camino. De esos extraños lazos que la vida tiende a desconocidos. Victor Hugo, nos habla de la conciencia y le dá el nombre de Dios, esa voz que critica y reprende los malos actos. Extrañamente tambien esa conciencia sabotea sus períodos de felicidad, él mismo se entrega a sus verdugos cuando cree que ser feliz a ese nivel y hacer feliz a las demás personas no es mérito de un ex-presidiario.
Esto me recuerda que el ser humano es inherente al simbolismo, a los signos, que la sociedad a rebajado a 'etiquetas'; y la ley muchas veces expone al condenado, lo castiga y despues de cumplir el escarmiento sale a la libertad a ser nuevamente oprimido y reprobado por tener un pasaporte amarillo y ser existencialmente miserable.
He dicho!
¹Fernando Picó. El día menos pensado: historia de los presidiarios en Puerto Rico (1795-1993).
hace un recuento de las primeras carceles que asentadas en Puerto Rico, que coinciden brutalmente con la esclavitud. Aunque es muy breve es un buen repaso para entender ciertas instituciones carcelarias.