Mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos.
-Roque Dalton-
Digamos que a él ya no le importaba el dolor. No lo sentía más, roto el último hilo delgado de la vida, se internó en el túnel. Ese túnel que le robó las fuerzas, pues ahora la inercia lo llevaba de la mano a lo desconocido.
Ella también quizo irse, pero la munición no estaba en ella, eso nos queda claro.
5.15 p.m, hora del deceso de él.
5.15 p.m, ella seguía ganando la batalla de la vida.
Una de las ambulancias apagó las luces y espero al cuerpo de forenses para llevar al muerto. Otra de las ambulancias seguía intentando convencerla que ella no tenía nada.
¡Está loca! -decían- No tiene nada.
Un testigo clave, dijo que los dos cayeron al mismo tiempo, que sólo escuchó un disparo; el herido es él. Pero ella se quejaba de la misma forma, con misma mirada asida a la conciencia.
Nos queda claro que ella no sufrió el ataque. Podía levantarse, tomar su cartera, irse a su casa, lavarse la cara y olvidar. ¿Por qué seguía fingiendo ser la herida?; ¡No lo hemos visto antes!.
Él, con una sábana blanca que cubría su humanidad ahora cadáver.
Ella, cubierta de acusaciones risibles. ¡Ridícula! ¡Hipócrita! decía otro testigo clave. Los domingos no atienden los psiquiatras, levántese y déjese de payasadas; no fue a usted.
La ausencia de saliva la estaba matando. Sentía estallar su riñón, como la sangre se coló por las paredes del estómago y subía a su garganta. Vomitaba sangre, horror, miedo, impotencia, ira y solidaridad por el muerto que no conocía.
Los paramédicos la dejaron allí, su pulso y presión no alterada.
8.15 p.m fin del espectáculo.
-Roque Dalton-
No fue a ella, eso nos queda claro. Pero ella también sintió el impacto, partiendo cada uno de los tejidos suprarrenales. Se quejaba de la misma forma que ese moribundo; ¡Ella también estaba moribunda!. La rodeaban igual número de curiosos que a él, aunque con exclamaciones diferentes. Mientras se le escapaba el alma del cuerpo, pensaba en su familia; el dolor insoportable de la 45 alojada debajo del diafragma la desangraba por dentro.
Digamos que a él ya no le importaba el dolor. No lo sentía más, roto el último hilo delgado de la vida, se internó en el túnel. Ese túnel que le robó las fuerzas, pues ahora la inercia lo llevaba de la mano a lo desconocido.
Ella también quizo irse, pero la munición no estaba en ella, eso nos queda claro.
5.15 p.m, hora del deceso de él.
5.15 p.m, ella seguía ganando la batalla de la vida.
Una de las ambulancias apagó las luces y espero al cuerpo de forenses para llevar al muerto. Otra de las ambulancias seguía intentando convencerla que ella no tenía nada.
Nos queda claro que ella no había sido la herida, pero. . . ¿Cómo convencerla?
Se redujo el número de fisgones del él; aumentaron los de ella, entre risas y murmuraciones (¡Qué rápido olvidaron el muerto!).¡Está loca! -decían- No tiene nada.
Nos queda claro que ella no sufrió el ataque. Podía levantarse, tomar su cartera, irse a su casa, lavarse la cara y olvidar. ¿Por qué seguía fingiendo ser la herida?; ¡No lo hemos visto antes!.
Él, con una sábana blanca que cubría su humanidad ahora cadáver.
La ausencia de saliva la estaba matando. Sentía estallar su riñón, como la sangre se coló por las paredes del estómago y subía a su garganta. Vomitaba sangre, horror, miedo, impotencia, ira y solidaridad por el muerto que no conocía.
Los paramédicos la dejaron allí, su pulso y presión no alterada.
8.15 p.m fin del espectáculo.
Ella, sin embargo, suplicaba ayuda; la bala que hirió al desconocido era para ella también. Uno que otro merodeaba, para la mayoría era un muerto y una loca más. Se sintió sola, caminó hacia su casa y al fín pudo llorar. No eran lágrimas de dolor, pues el proyectil no la atravezó a ella, eso nos queda claro.
De ahora en adelante tendría que vivir con la bala asesina dentro de su cuerpo, la misma que se llevó a ese desconocido que jamás supo quién era. Lo único que tenían en común, era la bala que a él lo mató y a ella le cambió la vida.**ahora sí, fin del espectáculo**

